Hace unos días me llegaron unas mascarillas veganas que poco tienen que ver con el universo Lush. Estas no dejan tropezones de pistacho, coco o vete a saber tu que fruto seco con cáscara puede estar en una crema facial. Macaw es la causante de que ahora mismo luzca un cutis que ni un bebe.

Kevin Qué Bien con mascarillas veganas

En concreto he probado la tanzania: Una crema amarilla intensa para reparar la piel después de ir a la playita o trabajar mucho. Perfecta para uno de esos días que acabas hasta el moño del trabajo, de todos y de todo; de los que llegas a tu casa y te dices a ti mismo “A la m*erda todo el mundo, me voy a encerrar en casa, pintarme las uñas y darme mimos”.

Kevin Qué Bien con mascarillas veganas

¿Cuántos de vosotros creéis en el efecto de los productos de belleza? Normalmente no suelo tener demasiada fe en todas estas cosas, pero últimamente me he animado a darme algún que otro potingue y debo decir, que si, se nota y amén. A parte de los productos orgánicos de Macaw, he encontrado algunos shampoos de Lush que son una maravilla. Después de destrozarme el pelo con los quinientos-mil tintes que me he puesto, he encontrado la panacea a mi pelo de estropajo; se llama ‘Curly Wurly‘ y es de coco. La única pega, que tiene tropezones. Esto está genial para llamar la atención de la pija de turno y piense “wow qué orgánico”, pero chicos de Lush, como he dicho antes: ¡dejad de poner cáscaras, pulpas, etc! Se me llena todo el cuerpo de trocitos de coco y de nada me sirve tener un pelo ‘cool’ si luego tengo migajas como si nunca me lo hubiera lavado.

Es por eso que las mascarillas veganas de Macaw me han llamado la atención. ¿Orgánicas y licuadas? ¡MA-RA-VI-LLA! Un agüita y se van a la perfección. No hagáis mucho caso donde tengo puestas las mascarillas veganas porque eran para hacerme la foto. En los ojos llevo un exfoliante verde que refresca como un chicle de menta (no ha sido una buena idea ponérmelo en los párpados). Unas rayas pintadas de un hidratante llamado ‘Arizona‘ y la base amarilla de la que os he hablado. ¡Una macedonia facial!